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:: 17 / 03 / 10 :: Alberto Contador alcanza su velocidad de crucero en París-Niza
Alberto Contador confirmó las buenas sensaciones que transmitió en su triunfo en la Vuelta al Algarve tras una impresionante semana de ciclismo en las carreteras francesas, donde logró una antológica victoria en París-Niza, la misma carrera que se le atravesó el año pasado a causa de una pájara en el momento más inoportuno.

Jacinto Vidarte para www.albertocontador.com

Alberto llegó a esta segunda cita de su programa con una gran motivación, aunque también con la responsabilidad que suponía el regreso a Francia después de la última victoria en el Tour y, desde luego, por el retorno a la carrera que se le había escapado un año antes y en la que todos iban a mirar con lupa no sólo su rendimiento, sino especialmente el del equipo, totalmente renovado tras la marcha de muchos corredores.

Otro obstáculo a superar iba a ser el fuerte catarro padecido por Alberto la semana anterior a la carrera, lo que había puesto un punto de interrogación a su estado de forma, sobre todo al comprobar las duras condiciones meteorológicas bajo las que iba a comenzar París-Niza.

La contra reloj inicial supuso también el estreno, por fin, de la Shiv, la cabra de contra reloj prohibida a última hora en Algarve y modificada a toda prisa para poder utilizarla en Francia. Specialized hizo un buen trabajo y la bici, desde luego, fue un factor importante en el gran registro de Alberto, cuarto e igualado con Leipheimer, aunque se quedó a un suspiro (6 segundos) de la victoria, conseguida por Lars Boom, un gran rodador de complexión mucho más fuerte, lo que de seguro fue trascendental para superar el tramo de adoquines que había al principio del recorrido.

Un buen susto

En la siguiente jornada todo se torció en los últimos kilómetros, tras haber resuelto hasta ese momento una difícil etapa en la que el viento fue protagonista. Sin embargo, la cabeza del pelotón se cortó tras el trabajo de Caisse d’Epargne y ni Astana ni el propio Alberto pudieron reaccionar a tiempo. Las distancias, sin embargo, se mantenían dentro de lo razonable cuando sucedió lo más grave, una caída a poco más de 3 km de meta en la que se vio implicado Alberto junto al alemán Haussler.

El líder del Astana reaccionó con rapidez y pudo reintegrarse al grupo, cediendo sólo 17 segundos frente al grupo de cabeza, en el que iba el hasta entonces líder, Boom, además de Valverde, Luis León y Voigt. La contusión en el muslo izquierdo dejó tocado a Contador, que salió en los dos días siguientes con miedo a sufrir las secuelas del accidente, temiendo no poder estar a la altura en la jornada del jueves, la trascendental llegada a Mende.

La recuperación de Alberto ya se vio venir, sin embargo, en el final del miércoles, cuando se marchó por delante con un pequeño grupo de seis corredores que buscaban las bonificaciones y la victoria de etapa. Ahí se comprobó que Contador había recuperado sus buenas sensaciones y que, al día siguiente, en Mende, podía intentar el golpe de mano.

En la etapa del jueves, siempre bajos unas difíciles condiciones meteorológicas, con mucho frío en la cumbre de Mende, el trabajo de los hombres de Astana, que controlaron el pelotón para llevar a su líder a pie de puerto, se vio recompensado con una magnífica ascensión por parte de Alberto, que arrancó a unos 1.800 metros de meta y, aunque sin lanzar uno de sus imparables demarrajes, se quedó solo, sin que ninguno de sus rivales pudiera ya alcanzarle. Las diferencias en meta, aunque escasas, terminarían siendo definitivas, ya que ni Valverde, ni Luis León, ni Joaquim Rodríguez, ni Kreuziger pudieron ya arrebatarle el maillot amarillo que logró en esa jornada.

Estrategia

Aún quedaba mucho camino que recorrer hasta Niza, con tres días de montaña muy exigentes y donde el equipo iba a ser fundamental, tal como sucedió en 2009, donde Alberto se encontró demasiadas veces aislado frente a los ataques de los rivales. Alberto contaba este año con un equipo fuerte, aunque desde luego faltaban muchos de los que deberán estar en el Tour y otros aún no estaban al máximo de su forma, como Óscar Pereiro (en continua progresión) o Benjamín Noval. Sin embargo, Alberto ya había comprobado que tenía junto a él a tres hombres que debían ser fundamentales, Grivko, Fofonov y Dani Navarro. Sobre ellos recayó el peso, sobre todo, en la etapa del viernes, en la que una caída en el primer puerto del día cortó al pelotón prematuramente y dejó a estos tres hombres con toda la responsabilidad de defender a Alberto frente a unos ataques que ya no se detuvieron hasta la meta.

Ese día fue clave, puesto que Astana, a pesar de quedarse muy desguarnecido, y Alberto, gracias a su sangre fría y a su buen momento de forma, lograron salvar el liderato de cara a las dos etapas finales, que se anunciaban terroríficas.

El equipo, que recibió algunas críticas, reaccionó como un solo hombre y, tal como ya se comprobó en Portugal, todos los corredores dieron lo mejor de sí mismos, incluidos Gourov y Stanjelj, que también hicieron su parte del trabajo. Pero la penúltima etapa también fue la que aprovechó Alberto Contador para mostrar todo lo que ha aprendido y madurado de un año a esta parte. Alberto respondió con tranquilidad, dejando hacer, a una fuga de 22 corredores en la que se metieron muchos hombres peligrosos, entre otros su ex compañero Levi Leipheimer, apoyado por el portugués Tiago Machado, que tan bien había rodado en Algarve. Los demás equipos con favoritos en sus filas, Caisse, Euskaltel y Liquigas especialmente, tuvieron que compartir responsabilidad y asumir el trabajo de tirar del pelotón. Sólo Alejandro Valverde, al puntuar de nuevo en las bonificaciones de meta, puso un punto de inquietud de cara al último día, aunque Alberto, ante la perspectiva de volver a subir el col d’Eze, se sentía ya mucho más seguro y casi como en casa.

La última etapa, sobre un recorrido que Alberto conoce casi tan bien como la Sierra de Madrid, fue también espectacular, ya que el líder de la carrera salió en primera persona a responder a los movimientos de sus más directos rivales, imponiendo un ritmo en la ascensión de Eze que sólo pudieron seguir Rodríguez y Valverde, lo que acabó por dejar la general de París-Niza vista para sentencia, después de que Luis León Sánchez le hubiera arrebatado a Kreuziger la tercera plaza del podio gracias un sprint bonificable.

La victoria en el ‘Paseo de los Ingleses’ de Niza su puso para Alberto Contador un alivio de la enorme tensión acumulada durante una carrera que calificó de ‘mini tour’, en referencia a la intensidad, la velocidad, el gran nivel y la competitividad que tiene esta prueba, una de las reinas de la primavera ciclista.

Cambios en el programa

La consecuencia inmediata del éxito cosechado por Alberto, pero también del derroche de energías que le exigió, ha sido el cambio de su programa, en el que inicialmente estaban previstas las vueltas a Catalunya y País Vasco antes del Dauphiné Libéré. Después de una cuidadosa reflexión junto al staff técnico del equipo, Alberto decidió renunciar a estas dos carreras para buscar un calendario algo menos exigente, dado que su trabajo de puesta a punto ya ha dado muy buenos resultados y lo que busca ahora es mantenerlo.

La próxima carrera de Contador será el Critérium Internacional, una prueba que se adapta muy bien a sus características como ciclista y que le apetece correr por el prestigio que siempre ha tenido. Después,  Alberto correrá la Vuelta a Castilla y León, que al cambiar de fechas este año le favorece para poder afrontar, finalmente, las clásicas de las Árdenas (Flecha Valona y Leja-Bastogne-Lieja), un objetivo que el año pasado descartó tras ganar por segunda vez la Vuelta al País Vasco y comprobar que no podía prolongar por más tiempo su primer pico de forma de la temporada.   

 

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